- ¿Sí? –
- Hola señor Chopra, soy Aisha. –
- ¿Quién eres? –
- Aisha, la amiga de su hijo. –
- ¡Ah! Ya me acuerdo de ti. ¿Eres la chica del hospital? –
- Sí, esa misma, señor. –
- Ah. ¿Qué tal está mi hijo? –
- Muy bien. –
- ¿Se puede poner? –
- No señor, lo siento. –
- ¿Por qué? –
- Está en el baño. –
- Ah bueno. Entonces déjale tranquilo. –
- Señor, ¿puedo preguntarle algo? –
- ¡Claro que sí muchacha! –
- ¿Puede quedarse su hijo esta noche en mi casa? –
- Ah, no me ha avisado. –
- No, no es culpa suya. Fui yo, que insistí mucho porque me hacía ilusión. Es mi mejor amigo y me haría ilusión que se quedara. –
- Ah bueno. –
- Él lo acaba de decidir ahora mismo. Llevo insistiéndole toda la semana. –
- Ah bueno. Si es así… Le doy mi permiso. –
- Gracias señor. –
- Pero tú eres una chica de fiar, ¿verdad? –
- Sí señor, por supuesto. Trataremos a su hijo como si estuviese en casa. –
- Muy bien muchacha. Cuidad bien de él. Como me entere yo de que algo ha pasado… No volverá a aparecer en tu casa. –
- Vale señor. Quédese tranquilo. Su hijo está en buenas manos. –
- Vale muchacha. Espero que sea así. –
- Se lo aseguro. Bueno, hasta luego y gracias. –
- ¡Ah! De nada. Hasta luego muchacha. –
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