- Bueno, nosotros vamos a pedir, vosotros quedaros cuidando el sitio. –
- Venga vale. –
- ¿De verdad te vas a India? –
- Sí. –
- ¿A qué lugar? –
- Creo que se casan en Bombay. –
- ¡Bombay! ¡Me encantaría ir! –
- Algún día te llevaré. –
- ¡¿En serio?! –
- ¡Claro! Ya sabes, yo por mis amigos hago lo que sea. –
- Gracias… ¿Tú has ido alguna vez? –
- Sí, cuando vivía en India fui varias veces. –
- ¡¿A sí?! ¿Y como es? –
- La verdad… Es una ciudad fantástica. Si te lo digo… Mejor que Calcuta. –
- A mí India me encanta. Siempre he querido ver mis raíces. –
- Las verás, te lo aseguro. –
- Gracias. –
- Por cierto… ¿Por qué caigo mal a tu padre? –
- Él es muy “protector”, por así decirlo. Para él soy como una niña, y no quiere que tenga novio. –
- ¡No me digas! Pues menudo petardo, espero no haberte ofendido. –
- ¡Ah! No es nada. Yo también pienso que es un petardo. –
- ¿Y por qué no se lo dices? Mira, así: ¡Papá! ¡Eres un maldito petardo! ¡Déjame ser libre! –
- No, no puedo. Si se lo digo, me mata. Literalmente. –
- ¿Y entonces cuando te deja tener novio? –
- Él dice que hasta los 25. –
- ¡Anda ya! ¿Sabes que te digo? ¡Pasa de él! A los 25 ya se pasa la libertad, uno está amargado cuidando de su casa y con el trabajo. Yo te doy permiso ahora mismo. –
- J aja j aja… Ojala él fuese como tú. –
Después de un rato…
- ¿Qué tal chicos? –
- Bien, aquí, hablando. –
- Bueno… ¡Menos hablar y más tragar! ¡Aquí está la comida! –
No hay comentarios:
Publicar un comentario