Bueno, voy a encender el ordenador. A ver si mis amigos me mandaron respuestas. Yo, al menos, estoy deseando recibirlas. Quiero ver que les parece mi nueva vida aquí, en Oxford. Y, por supuesto, quiero que vean que no les olvido. ¡Anda! ¡Si tengo correo! ¡Y precisamente de ellos! Bueno, lo leo:
Para nuestro querido colega:
La verdad, nos parece superinteresante tu nueva vida. Aquí en Calcuta te echamos mucho de menos. Recordamos cuando le gastábamos bromas al cartero. J aja j aja… Pobre pringado. Le cambiábamos la mercancía por periódicos en chino, o por sacos de patatas o por folios en blanco, o le hacíamos un agujero al saco para que se salieran los periódicos. No me extraña que le llegasen tantas quejas, j aja j aja. La verdad se nos hace raro no tener entre nosotros a nuestro amigo. ¡Hasta las chicas te echan de menos! Y eso que salían corriendo… Espero que nos respondas con novedades. Seguro que te irá genial allí. ¡A ver si un día vamos! Y así nos presentas a tus amigos, según nos dijiste, son buena gente. Espero que volvamos a vivir todos esos momentos tan chulos, esta vez con tus nuevos amigos. Por lo visto, ya veo que no te olvidas de nosotros. Nosotros tampoco te olvidamos tío. Bueno, saludos. Que si no dejamos de escribir viene la madre de Arif y nos da con la escoba. Sí, ya sabes como es mi madre, es peor que Hitler. Bueno… ¡Esperamos respuestas chaval!
Un fuerte abrazo
Tus amigos Arif y Siddhart
Ya ven lo que hace unos 16 años juntos. Somos amigos desde que tengo memoria, y la verdad… Siempre lo hemos pasado genial. Con el cartero, como os he leído. Con las camisas del vecino, siempre le echábamos a la lavadora un colorante rosa para que sus camisas blancas se pusieran rosas. Con los polvitos pica-pica. Con los walkie-talkie, gastando bromas a los camioneros. Con las bromas telefónicas. Aunque yo con las chicas no supiese hablar, con ellos… Era otra cosa. Ellos eran para mí como hermanos. Eso sí, mi hermano de verdad… ¡Menudo pesado! ¡Me hacía la vida imposible! Todo el rato de rabiar. Aún recuerdo cuando me hizo beber aceite… O cuando me dijo que ir vestido de niña era guay. Menos mal que mis padres estaban más a mi favor… Sino, esto hubiese sido inaguantable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario